5 de mayo, La noche que los malos ganaron. . .otra vez


[NOTA EDITORIAL: Lo que leerán a continuación, fue una nota escrita en la madrugada/mañana de 6 de mayo de 2012, luego de la derrota de Miguel Cotto ante Floyd Mayweather, Jr. La publicamos hoy como preámbulo a la pelea de Miguel Cotto el próximo sábado 5 de octubre, aunque también sirve como epílogo de la reciente victoria de Mayweather, quien un año después, continúa en la cima, tras dos dominantes victorias en el año 2013]

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Money Team!

No hace falta escribir de la pelea, o de los tres jueces que la vieron 118-110 o 117-111 (10 rounds a 2 y 9 a 3), o del hecho que Floyd Jr. estuviese sangrando por la nariz desde el quinto, o que Floyd Jr. lució más fresco que Cotto en los últimos dos asaltos, ya que a juzgar por los números de PPV, y lo vacío de la calle a media noche [de 5 de mayo de 2012], todo PR ya la vió. Tampoco hace falta escribir del hecho que muchos puertorriqueños han cogido esta derrota y la amplia ventaja en las tarjetas, mucho mejor de lo que cogieron la del mejicano Márquez contra Paquiao, o de lo que tomaron el que Juanma estuviese al frente en las tarjetas de dos jueces al momento de su aparatoso KO. Tampoco escribiré de lo bien que lució Cotto en la derrota, pues aunque cierto, ya muchos otros lo han hecho, y porque simplemente estoy agotado de hablar de “victorias morales”. Prefiero escribir del sentimiento que aún no supero y del mal sabor en la boca, que las cervezas no me quitaron la noche de la pelea. Sentimiento, que aunque complejo, se resume sencillo “los malos ganaron. . .otra vez”.

El día de la pelea estaba convencido que Cotto ganaría, pero contrario a otros que también lo pensaban, no me basaba en su superior fortaleza física, la cual resultó evidente ante casi todos, o en la esperanza que se tenía sobre el gancho de izquierda al cuerpo o en un muy desarrollado y contundente jab de derecha, o simplemente porque era boricua. Mi confianza emanaba del convencimiento que comparto con todo niño que va a ver una película de Disney al cine, los buenos le tienen que ganar a los malos; los Mayweather de la vida no podían salir victoriosos. . .nuevamente. Era hora que “los buenos” ganaran. Al final de la pelea, sin embargo, me sentí como los Starks en el primer season de Game of Thrones (y no comentaré del segundo season, por aquellos que estén atrás) [por suerte, para esa fecha no conocía de lo que le esperaba a los Starks en el tercer season]

Un tipo que siente la necesidad de mostrar en cada entrevista, pacas con un centenar de billetes de $100, para demostrar su valía; un tipo que se molesta porque digan que ser materialista es malo; que entiende que el que dice que ser materialista es malo, lo hace porque nunca ha tenido dinero, pues solo el feo dice “beauty is skin deep”. Y es que el mensaje es claro, hay que ser arrogante y “gangsta”; hay que ser bocón; hay que rendirle tributos al “yo”; hay que pegarle a tu ex-pareja; y, hay que ir a la cárcel, tu sabes, por aquello de “keep it real”, ser calle (“street cred”) y no ser un “vendío” (“sell out”) [o un blando]. Y sí, lo se, algunos me dirán, “esto es solo un deporte, aquí no hay buenos ni malos”, pues aunque no lo crean, se me ha acusado antes de tomar los deportes muy a pecho (puras calumnias). Pero es que pienso que a veces no es “sólo un deporte”, el deporte es parte de nuestra sociedad y cultura, y eventos como el del sábado [5 de mayo de 2012] que detienen un país, con personajes que dominan las páginas de los periódicos y las discusiones en las redes sociales y en el cafetín de la esquina, pueden influenciar, educar, dañar, moldear, desviar o encaminar, el desarrollo de un pueblo, en especial uno sub-desarrollado o con serios problemas de identidad [y autoestima]. Es que si una canción puede “cambiar a un pueblo”, como recientemente alegaba una campaña publicitaria [campaña del Banco Popular y el Gran Combo, 2011-2012], un evento deportivo, un equipo, un atleta, también pueden hacerlo, y de manera más contundente inclusive.

La del 5 de mayo era una de esas. En una esquina teníamos al atleta local, criticado en el pesado por alegada falta de enfoque y dedicación en momentos importantes, debilidad por la fiesta y las libaciones y alegada apatía hacia el “pueblo”; además de distanciamiento familiar y desconfianza en su equipo. Fuesen justas o no tales críticas, eso “era lo que se decía”, y para efectos de este escrito la percepción es la realidad. Sin embargo, ese mismo “pueblo”, o al menos los que observaron con detenimiento y mente abierta, pudo verlo ahora y desde su último combate [Cotto v. Margarito II, Dic. 2011] bajo la tutela de un amigo cubano, re-enfocado en el gimnasio; consciente y responsable por los traspiés de su pasado; confiado en su esquina; abrazado de su familia; sereno y amable con la prensa; y con la voz y verbo de aquél que ha encontrado la paz que por años le eludió y la sintonía con la vida que muchos predican pero que difícilmente se puede fingir. Lo anterior hacía de la pelea del 5 de mayo [de 2012], una de contrastes.

No es mi interés “demonizar” a nadie, pero aquél que se auto-denomina “Money”, si bien superdotado como atleta e incansable esclavo y adicto del gimnasio, también se proyecta como la arrogancia hecha persona; el “cuánto tienes cuánto vales” llevado a su máxima expresión, sin pena ni remordimiento; recordándole al mundo su distorsionada propuesta de lo que significa ser “calle” y “ghetto”; y el “making it rain” con sus millones y su amigo inseparable, que a pesar de valer millones, prefiere un apodo de medio peso [al presente Money y 50, parecen estar distanciados]. Ese es “Money”, en su “ego trip”, pero de camino a la cárcel en un mes [en junio de 2012] sin remordimiento por su tercer incidente de violencia doméstica en siete años. De camino a una estadía temporera, en donde su padre y su tío cumplieron estadía de años, fracasando escapar los errores que seguramente creció jurando jamás cometería.

Pero “los malos ganaron” no se limita a “Money”, sino a lo que perdimos con su victoria. Una victoria de Cotto, hubiese sido el ejemplo de lo que debe ser la propuesta del nuevo atleta y nuevo ídolo boricua, y del nuevo país, al llevarlo al macro. El triunfo del entrenamiento bien pensado, planificado y científico, en lugar de la improvisación y la búsqueda del atajo o del “lucky punch”, que satisface a las gradas, pero no rinde frutos. El logro bien ganado y bien luchado con sangre, sudor y lágrimas, en lugar de lo fácil y regalado que decimos merecer, por casi casi ser. La victoria de la confianza que nace del trabajo duro, enfoque y serenidad de espíritu, en lugar de la “macharranería” y falsos egos. El éxito que viene con la tranquilidad que te brinda descubrir que lo que necesitabas estaba a tu alcance, y no en algún rincón de la calle, y entender que tu familia es la fortaleza y el catalítico del crecimiento, en lugar de un obstáculo que te limita.

Y podría seguir con mis pensamientos de madrugada de lo que puedo ser un mejor amanecer, pero para qué, si los malos ganaron otra vez. . .

Por: Gaby Desde las Gradas

2 thoughts on “5 de mayo, La noche que los malos ganaron. . .otra vez

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