La Tarde que. . .


26 de agosto de 2016

MP

Por Gaby Avilés // Web: desdelasgradaspr.com / Twitter: @desde_lasgradas / FB: Desde las Gradas PR / desdelasgradaspr@gmail.com

San Juan, Puerto Rico – En la madrugada del 6 de mayo de 2012, bajo los efectos tóxicos de otra dura derrota, escribí una nota titulada La Noche que los Malos Ganaron. . .Otra Vez, tras la pelea de Miguel Cotto vs. Floyd Mayweather, Jr.(Fn.1). Floyd acababa de destruir la esperanza de muchos puertorriqueños de que Miguel Cotto terminara con  el récord invicto de Floyd y le callara la boca a él y a su padre. De mi parte, quería también que Cotto demostrara que los Mayweather de la vida tarde o temprano caían. Lamentablemente no fue así y al finalizar la noche lo único que sentí fue la dolorosa resignación de que los malos habían ganado otra vez y el deporte en Puerto Rico añadía otro por poquito para la lista; otra “victoria moral”. Nuevamente habían sido otros los que celebraron tras concluir el evento.

Sé que no todos los fanáticos puertorriqueños se sintieron como yo aquella madrugada, ya que a pesar de la popularidad de Cotto, este nunca ha gozado de ese amor incondicional e insuperable que siente y demuestra la fanaticada boricua hacia Tito Trinidad. No obstante, esa noche el antagonismo de Mayweather, trajo hasta a los más reacios a la esquina de Cotto. Y aun cuando algunos lectores no compartían mi apego y fanatismo hacia Miguel, seguro conocían muy bien ese sentir que yo describía tras la derrota, pues los ejemplos en nuestra historia deportiva son demasiados para enumerar.

Pero, atrás quedó esa noche y llegó la tarde del 13 de agosto de 2016, y. . .¡ganamos, coño! Y Mónica brincó, mientras yo grité, y luego ella gritó mientras yo brinqué. Y La Borinqueña al fin sonó y ahí Mónica lloró, y un pueblo unido la acompañó. Hace 4 años algunos me decían que “era solo un deporte y no había buenos ni malos”, pero se equivocaron ese día y se equivocan hoy: NO es “sólo un deporte”, sí hay malos (como en la Lucha Olímpica), y sí hay buenas, bellas y grandiosas.

Y es que el deporte cuando se hace bien, no se queda en la cancha, sino que se respira, se saborea y se baila, mientras la victoria te abraza, te besa y te aprieta. Momentos como el de la tarde del 13 de agosto de 2016, nos marcan y presentan oportunidades de educar y desarrollar en el sub-desarrollo, de cambiar la autoestima y de disipar complejos, de identificar el aire tóxico que respiramos y de ponernos de pie porque estar de rodillas nos guaya la piel y pisotea el alma.

Pero ojo, ganar por sí, no nos da lo antes dicho. De la misma manera que Mónica no ganó por ser boricua, ni nosotros somos grandes por serlo. Mónica ganó y lo es, porque se levantó temprano, porque dijo muchos no, cuando el cuerpo y las amistades pedían sí; porque ella decidió sacrificar una niñez común y ordinaria, por el sueño de algo extraordinario. Ganó porque su familia renunció a tiempo con su hija, hermana y nieta, para que Mónica también fuera nuestra. Porque desde temprano en su vida tuvo que perderse “parties”, tuvo que perderse  visitas al “fast food”, y cientos de horas de TV. Tuvo que exponerse al muchas veces cruel y duro ojo público, cuando ni siquiera tenía edad para conducir. Y tuvo que soportar a muchos comentando bajito sus logros y duro sus fracasos; y opinando sobre su peso y físico, mientras hacían la fila de la tripleta.

El triunfo de Mónica es el triunfo de un entrenamiento y una vida bien pensada y planificada, huyéndole a la improvisación y a la búsqueda del atajo y sin necesidad de recurrir a la mítica “cría boricua”. El triunfo de Mónica no es un golpe de suerte, tampoco es un “home run” de una entrada. La victoria de Mónica comenzó hace 16 años cuando agarró su primera raqueta, y se consumó el pasado 13 de agosto, porque cuando la otra se cansaba, Mónica calentaba y cuando aquella tiraba su raqueta, Mónica se apretaba el moño y seguía su juego. Ganó porque fue dueña del momento y autora de su historia.

Y sí, Mónica es puertorriqueña y que bueno que lo es, pero no lo es porque ganó y tampoco meramente porque nació aquí; lo es, porque la puertorriqueñidad no pertenece al que la nace, es del que la vive. No es geografía, es una identidad, es un sentimiento y muchas veces se mantiene viva solo por un recuerdo y una añoranza del que se marchó pero nunca se fue. Y se honra con esfuerzo, dignidad y valores, no con golpes en el pecho. Hoy celebramos gracias a una familia que estaba clara de su identidad, que se mudó a la Florida y criaron a una puertorriqueña que creció soñando con representar a su país y a su gente, amando a su patria a pesar de la distancia.

El 13 de agosto no fue la tarde que ganaron los buenos, fue la tarde que ganó la mejor y con ella Puerto Rico. Ahora nos toca ser tan buenos como ella.

Footnotes:

[Fn. 1 –  El blog Desde las Gradas aun no existía el 6 de mayo de 2012, por lo que publiqué la nota en otros medios y redes sociales. No obstante, la nota fue publicada en Desde las Gradas en octubre de 2013, como preámbulo al combate de Miguel Cotto y Delvin Rodríguez en 5 de octubre de 2013 y con Mayweather en la cima del boxeo, tras dos cómodas victorias en el año 2013.]

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